Nos proponemos integrar de manera óptima las prácticas locales integrales y los conceptos de permacultura occidentales, observando, aprendiendo y trabajando con las comunidades locales para comprender mejor el entorno en el que vivimos.

Our Stand

La meta de Chaikuni es combinar lo mejor de los dos mundos –la sabiduría indígena ancestral y los conocimientos modernos– para crear alternativas sustentables al modelo vigente de desarrollo lineal basado en los monocultivos, técnica que afecta y agota el suelo. Creando un diálogo y una práctica basada en la reciprocidad entre los indígenas locales, los campesinos mestizos de la región y los ingenieros agro-forestales y expertos en permacultura de Chaikuni, experimentamos con nuevas formas, sanas y sustentables, de interactuar con nuestro medioambiente, su gente y las economías locales que nutren nuestra tierra a lo largo del río Nanay.
Nuestra visión a largo plazo está enfocada a inspirar y apoyar a las comunidades locales a adoptar prácticas de cultivo más sustentables, ecológicas y económicamente sólidas.

Chaikuni parte desde el concepto Quechua de sumak kawsay, o “Buen Vivir”. Este es un concepto compartido por muchas comunidades y tradiciones indígenas alrededor del mundo, basado un entendimiento que considera al ecosistema como un armonioso continuo de interdependencia entre todos los seres vivos y su entorno. Desde esta perspectiva, causar daño al ecosistema es igual que causarnos daño a nosotros mismos. Un componente clave de esta filosofía viva y encarnada es la práctica agrícola conocida como “chacra integral”, definida como una unidad agrícola cual, imitando a la naturaleza, utiliza la tierra de una manera racional, combinando armoniosamente el cultivo y el ganado para proveer a una familia rural con una situación económica y social auto-suficiente.

EL RETO

Buscamos inspirar tanto a las comunidades locales como a visitantes a acercarse a la naturaleza y a convertirse en agentes de cambio para rescatar y preservar los conocimientos ancestrales.

The Challenge

La chacra integral, también conocida como “chacra indígena” o “chacra tradicional”, es el método tradicional de sustentabilidad y diversidad de producción y cultivo agrícola que proliferaba en Sudamérica antes de la conquista. Con la llegada de los colonizadores y comerciantes europeos, la producción cambió de un modelos local y sustentable a un modelo de explotación global. Estos conocimientos ancestrales se fueron perdiendo a medida que los monocultivos se fueron implementando. Hoy en día, este problema ha sido exacerbado a causa de un incremento masivo en la demanda de productos desde las grandes ciudades, tanto a nivel local como mundial. Esto ha ocasionado que las pequeñas comunidades productoras adoptaran la práctica de “corte y quema”, una técnica no sustentable que rápidamente empobrece y diezma la tierra.

La chacra integral, en cambio, es un sistema de producción que permite a una extensa familia de campesinos cubrir una amplia gama de necesidades, como lo son el alimento, el trabajo, el ingreso, la medicina, la vivienda y la producción de artesanías, protegiendo simultáneamente el medioambiente. Esto se logra por medio de una combinación de actividades altamente diversificadas: sistemas agrícolas, forestales y de ganadería entrelazados y de alta producción que a su vez producen desechos que son usados como alimentos para el ganado y para las granjas piscícolas o como materia prima para artesanías. Ya que los diferentes cultivos se cosechan durante diferentes épocas del año, dicha chacra permite maximizar la producción, permitiendo cosechas durante todo el año, reduciendo así la dependencia de las familias locales sobre las fluctuaciones del mercado. Además, ésta práctica es esencialmente una práctica humanista, ya que empodera al campesino y a su familia reconociéndolo como el arquitecto principal de su propio desarrollo.

The Challenge

A decir de nuestra ingeniera forestal Silvia del Águila Reyna, los peligros de los monocultivos y estilos de chacra basados en corte y quema han sido presentados en talleres y seminarios a las comunidades locales del distrito de Loreto desde principios de los 80. Sin embargo, no ha habido ningún tipo de apoyo estatal para ayudar a los campesinos en la transición a otras formas de cultivo más sustentables. Actualmente, la práctica de chacras integrales ha desaparecido casi por completo del paisaje rural peruano, a favor de las ubicuas plantaciones de yuca, cuales permiten tan solo dos o tres años de cosecha antes de dejar a la tierra empobrecida e infértil: una “purma” que requerirá de años de descanso para recuperarse. Pero no todo está perdido: varios grupos ya han recuperado sus prácticas ancestrales, como por ejemplo el pueblo Kandoshi a lo largo del río Pastaza, quienes desde principios de los años 90 comenzaron a implementar chacras integrales, al igual que algunas comunidades Achuar y Kichwa en el alto río Huasaga.

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