Mujeres indígenas Kukama liderando la regeneración de la Amazonía

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El el 2022, luego de años de brindar apoyo a las comunidades aledañas a nuestro Centro de Permacultura en la instalación de parcelas agroforestales para recuperar y promover prácticas tradicionales de agroforestería amazónica, comenzamos a hacer esfuerzos para llevar nuestro trabajo de agroforestería a las comunidades indígenas. Este ha sido un largo proceso que comenzó con espacios de aprendizaje mutuo y experiencias de intercambio con representantes indígenas a lo largo de los años. Diálogos de saberes, talleres y capacitaciones que fueron la base de lo que estamos haciendo ahora.

Crédito: Macarena Tabja / Instituto Chaikuni

Este año, nuestro trabajo adquirió un nuevo enfoque que pone como centro al empoderamiento de las mujeres indígenas y la visualización de su papel clave en relación con la agricultura familiar. Hemos fortalecido nuestra alianza con mujeres kukama para que sean ellas quienes lideren este trabajo en sus comunidades.

Gilda, Celia, Juanita y Adilia son mujeres Kukama del Marañón que pertenecen a las comunidades de Parinari, San Juan, Tangarana y Shapajilla, respectivamente. Todas ellas forman parte de la organización Huaynakana Kamatahuara Kana y participan en la lucha de esta organizacion por la defensa de sus derechos y territorios, especialmente, de los daños causados por las industrias extractivas. Los continuos derrames de petróleo que han sufrido – y continúan sufriendo – han contaminado durante décadas las fuentes de alimentos de las que dependen estas comunidades, muchas de las cuales tienen, además, a los ríos y las lluvias cómo únicas fuentes de agua.

La organización Huaynakana Kamatahuara Kana lucha por defendersus derechos y teritorios, especialmente de los daños causados por las industrias extractivas. Crédito: Karina Ormeño / Instituto Chaikuni

Lo anterior, sumado a la fuerte pérdida de la cultura e identidad kukama, el contacto con la sociedad occidental y los cambios en las dinámicas económicas de las comunidades, entre otros, han tenido como consecuencia la pérdida de muchos de sus conocimientos tradicionales, entre ellos, sus prácticas ancestrales de agricultura forestal, lo cual ha impactado de manera negativa en su seguridad alimentaria, cómo utilizan los recursos de su entorno y su relación con la naturaleza.

Como parte de nuestro proyecto “Agroforestería regenerativa, recuperación de la agricultura forestal indígena y soberanía alimentaria en la Amazonía peruana”, nos hemos propuesto contribuir a revertir esta situación y sumar con una propuesta que está basada en el diálogo entre el conocimiento indígena y el conocimiento técnico-científico. Esta es la continuación de un proyecto que iniciamos en dos comunidades indígenas el año pasado y que tiene como objetivo contribuir a mejorar la soberanía alimentaria de estas comunidades, que las familias puedan generar ingresos adicionales, así como restaurar las áreas degradadas de la selva tropical y, con ello, mitigar el cambio climático.

En la comunidad de Adilia hay mucho interés por los árboles cítricos. Crédito: Karina Ormeño / Instituto Chaikuni

En el mes de mayo, recibimos a Gilda, Celia, Juanita y Adilia en nuestro centro de permacultura durante una semana con la finalidad de que profundicen los conocimientos necesarios que les permitan ser las promotoras que lideren la instalación de viveros en sus comunidades. Como promotoras, ellas tienen a su cargo no sólo replicar en sus comunidades lo aprendido, sino que también acompañarán a las familias con las que trabajan en este proceso. Los viveros instalados servirán posteriormente para añadir diversidad a las chacras familiares o instalar parcelas agroforestales en sus comunidades.

Para Adilia, de la comunidad de Shapajilla, ser agricultora es parte de su identidad, “soy agricultora, me gusta sembrar, trabajo en la chacra, crío mis gallinas”. En su comunidad existe mucha demanda por árboles frutales cítricos, los cuales son valorados tanto por ser fuente de alimento como tambien por su capacidad de generar ingresos económicos. En una visita reciente que nuestro equipo realizó a su comunidad, se reforzaron los conocimientos sobre cómo germinar semillas y realizar injertos de árboles cítricos, con el objetivo de que sean ellos y ellas quienes tengan las capacidades de continuar realizando este trabajo en el futuro.

Los avances que vienen realizando en sus comunidades ya han motivado a que más personas quieran sumarse al proyecto, lo cual ya está sucediendo en la comunidad de Nuevo San Juan donde vive Celia, “un morador no estaba en la lista, pero viendo los plantones, viendo las cosas que se hace tambien está motivado y está en el proyecto ahora también porque quiere aprender”. En esta comunidad, Celia ha encontrado en el rol de promotora una actividad que disfruta, “a mí me gusta darme un tiempo para eso, conversar con ellos, ir a sus chacras, preguntar si crecen sus semillas o no. Como dicen, en la vida todo hay que ser, hay que poder”. Luego del taller volvió a su comunidad motivada, “estaba con ganas de hacer lo que aprendimos allá, los injertos, la poda. Me he ido a la huerta de mi papá y he podado algunos cítricos”.

Luego de participar en los talleres, Celia volvió a su comunidad motivada a poner en práctica lo aprendido. Crédito: Karina Ormeño / Instituto Chaikuni

Esta motivación que tienen ellas, también la contagian en su comunidad. Gilda, en Parinari, también ha podido ser testigo de esto, “Estoy practicando lo que he aprendido en el taller, ya he hecho mi vivero para mis plantones. También mi biol para ver la mejoría de los frutos. Para mí genial, estoy trabajando aquí con mi gente, les he conversado mucho a ellos y he visto también el interés que tienen”. Las familias con las que trabaja, ya han comenzado a dar también sus primeros pasos , “yo siento que lo están tomando en serio, quieren sembrar, quieren cuidarlo. Veo que son responsables, algunos están haciendo ya sus chacras”.

Juanita, por su parte, desempeña el cargo de mujer indígena de la comunidad de Tangarana. Si bien le hubiese gustado aprender todo esto cuando era más joven, siente la satisfacción de estar haciendo esta labor ahora, “lo que no he hecho cuando he sido más joven lo estoy haciendo a esta edad, pero no soy todavía tan anciana [risas]”. Su principal motivación son las futuras generaciones de su comunidad, “yo le digo a todos así, no piensen sólo para uno, sino para que algun día… porque dice que no tenemos la vida comprada, va a quedar sembrado […] Para que algún día mis nietos cosechen y puedan decir ‘esto es de mi abuelita’”.

Gilda, en la comunidad de Parinari, ya ha instalado su vivero para hacer sus plantones. Crédito Karina Ormeño / Instituto Chaikuni

Esta preocupación por el futuro es algo que tienen en común. Como mujeres indígenas, ellas desempeñan un rol fundamental en el cuidado de la biodiversidad y recursos de su territorio. El rol que desempeñan en la agricultura familiar las convierte en actores clave para poder lograr una mayor soberanía alimentaria. Son, además, ellas quienes transmitirán estos conocimientos a las próximas generaciones. En palabaras de Celia, “ese es el futuro, que los más chicos se enfoquen tambien en este tipo de proyecto de sembrar, reforestar”.

Juanita disfruta ser 'promotora' y su principal motivación son las futuras generaciones de su comunidad. Crédito: Karina Ormeño / Instituto Chaikuni

Estamos agradecidos pde contar con su fuerza y perseverancia que nos permiten seguir avanzando, y nos sentimos orgullosos de tenerlas como aliadas.

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Desde nuestra fundación, hemos fusionado técnicas tradicionales indígenas de manejo de la tierra con métodos modernos de permacultura para recuperar y promover formas sanas y regenerativas de interactuar con el medio ambiente. ¡Tu apoyo es clave para nuestro trabajo! Para apoyar nuestro trabajo agroforestal con mujeres indígenas haz clic aquí.